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1. La conducta de los hijos

1.1. Razones por las que mejorar la conducta de los hijos

Hace unos años, trabajando con varios profesionales de escuelas infantiles sobre el tema “problemas de conducta”, aprendí una de las grandes lecciones de mi carrera profesional. Hablando sobre diferentes procedimientos de tratamiento de graves problemas de conducta expuse cinco métodos de tratamiento positivo y tres procedimientos de castigo recopilados de la “Asociation of Behaviour Analysis”. Curiosamente, una semana después, los profesionales habían practicado con los procedimientos de castigo y con ninguno de los procedimientos positivos. ¿Por qué? Le pregunté a todo el equipo un poco alarmada por los efectos del uso de dichos procedimientos, que bien conozco. Ellos me contestaron que era imprescindible cambiar dichas conductas y usaron los que pensaron que funcionarían más rápido. Desde aquel momento, siento mucho respeto a la hora de escribir sobre ciertos comportamientos y procedimientos que pueden ser usados. Con este escrito, quisiera responder a una familia que hace unos días nos preguntaba por los efectos a largo plazo de los problemas de conducta de sus hijos.

Antes de comenzar, siempre es bueno recordar que los padres que asumen la responsabilidad de las malas conductas y los errores de sus hijos, se preguntan continuamente: ¿qué he hecho mal?. Y no siempre lo hacemos todo mal, hay que asumir que aún habiéndolo hecho todo bien, nuestros hijos, a veces, deciden tener una conducta inadecuada. Pero si persisten o nos intimidan por las mismas y decidimos tirar la toalla, las consecuencias a largo plazo sí podrían terminar siendo devastadoras.

¿Qué pasaría en el futuro de un niño que consigue las cosas llorando? Cuando Juan tenía tres años, pasaba siete horas en su escuela infantil, cinco de ellas llorando. Cuando le conocí estaba en los brazos de su amable profesora mientras ella intentaba seguir la rutina de su clase. Era increíble ver como podía observar al resto de sus pequeños compañeros jugando con las construcciones o haciendo las fichitas de pre-escritura mientras él se quedaba encaramado y soñoliento en brazos de su profesora. Los padres de Juan trabajaban todo el día y necesitaban un lugar de confianza donde poder dejar a su hijito. Cuando llegaban a recogerle a las siete de la tarde, Juan comenzaba de nuevo a llorar intensamente y pasaba de los brazos de su profesora a los brazos de su madre. La rutina se repetía día tras día, pero habiendo posibilidad de buscar soluciones, la falta de tiempo de los padres impedía actuar con el rigor necesario.

Tres años después volví a coincidir con Juan en el colegio donde estaba escolarizado. Ya no contaba con aquella excelente profesora que se preocupaba por sus llantos y que le tenía en sus brazos mientras daba la clase a quince niños más. Juan había entrado en primaria con veinticinco compañeros diferentes y una sola profesora que no tenía tiempo para dedicarse a trabajar las dificultades emocionales de Juan dentro del aula. En los informes escolares Juan aparecía como un niño con dificultades de adaptación, temeroso y angustiado por no saber cómo desenvolverse sin la supervisión constante de un adulto.

Hoy dos años más tarde, los padres de Juan están buscando un lugar donde se le enseñen a su hijo habilidades de “afrontamiento” a las dificultades que pueden darse en el aula de cualquier colegio. Según cuentan su profesora, Juan se entristece cuando no le sale bien una tarea, tiene miedo de participar en juegos con sus compañeros cuando están en el recreo y prefiere trabajar solo a hacerlo en grupo. Juan es un niño sin dificultades para aprender, pero con más miedos de lo normal para su edad. No podemos saber qué hubiera sido de Juan si hubiera aprendido desde pequeño a afrontar los pequeños retos en su escuela infantil, pero sí podemos decir que en aquella época tuvo la oportunidad de aprender muchas habilidades que le hubieran servido en las posteriores etapas de su vida. Pero ésto no fue así.

Cuando él tenía tres años, sus padres y su profesora, pudieron haberle enseñado poco a poco a responder a sus miedos de manera más activa, podrían haberle enseñado cómo conseguir cariño con su esfuerzo más que con su llanto, pudieron enseñarle que no importaba que se equivocara, etc.

¿Qué pasaría en el futuro de un niño que aprende a conseguir las cosas con pataletas y sólo hace las cosas cuando y como quiere? Sam es uno de mis adolescentes preferidos. Cuando llegó al colegio fue como un ciclón, insultaba a todos sus compañeros, les pegaba cuando éstos no hacían las cosas que él quería, no trabajaba cuando sus profesores se lo pedían, se saltaba las reglas del colegio, etc. Fue nuestro gran reto durante un año. Había estado en otros centros donde lo habían dejado como un caso perdido. Y sus padres estaban totalmente desorientados por sus conductas que igualmente se repetían en casa.

En las reuniones con sus padres fuimos descubriendo la historia de Sam. Su padre nos contaba que delante de él siempre se comportaba correctamente porque tenía claro que en caso contrario le caía una “torta”, aunque siempre terminaba recibiendo alguna, al ser informado por mamá de las “fechorías” del día.

Curiosamente parece que ésto no le sirvió de mucho cuando diez años después seguía haciendo lo mismo con una sutil diferencia, era un adolescente. Su madre contaba que nunca había podido enfrentarse a él, unas veces por pena y otras porque al enfrentarse con él, Sam se ponía peor. Cuando era pequeño algunas de sus pataletas eran por comer “golosinas”, no podía comerlas por prescripción médica, su madre se las daba con criterios aleatorios y él otras veces las cogía a escondidas. Nunca le enseñó a respetar la “regla”.

En otras ocasiones sus pataletas eran con sus hermanos, cuando él quería un juguete había que dárselo porque en caso contrario “gritaba, lloraba, pegaba…” en cualquier sitio donde estuviera.

Conforme fue creciendo comenzaron los insultos. Si algo no salía como él quería, tenían que aguantar sus gritos y ademanes hasta que se tranquilizaba.

Sam empeoró su conducta conforme fue creciendo porque cada vez era más difícil enfrentarse a él y responder ante sus conductas inadecuadas. Éstas sólo habrían disminuido si las personas que le rodeaban hubieran tenido claro que era mejor enseñarle a comportarse correctamente desde que era un pequeño “mal acostumbrado”. La “pena” que sentían por que era aún muy pequeño y la falta de persistencia en cambiar su comportamiento empeoraron sus hábitos, porque aprendió a empeñarse con más fuerza en sus inadecuadas demandas. Las consecuencias aplicadas por su padre le enseñaron a “respetar” a una sóla persona, pero no a todas. Hoy la madre de Sam está muy preocupada porque ha leído un libro sobre la historia de un adolescente que se suicidó y cree que es muy parecida a la de su hijo. Pero aún no es tarde aunque llevemos perdidos más de doce años de educación para la vida. Sam hubiera podido darnos grandes alegrías en todo este tiempo, y su familia hubiera podido disfrutarlas.

Los dos ejemplos anteriores son simples muestras de lo que puede pasar en el futuro de nuestros hijos. Nadie puede hacer pronósticos pues la vida depende de múltiples variables que influyen en nuestro aprendizaje. Lo cierto es que dejar para mañana lo que podemos enseñar hoy es restar oportunidades de que nuestros hijos aprendan. Podemos dejarles al amparo de la propia naturaleza (de su propio ritmo vital), podemos dejarnos intimidar por sus gritos o excusas, pero también podemos crecer con ellos afrontando la realidad y luchando por mejorar.

No pasa nada porque los padres cometamos errores en la educación de nuestros hijos, somos personas, y nadie nos ha enseñado. Debemos ser conscientes de que tenemos problemas con nuestros hijos para poder comenzar a cambiar las conductas disfuncionales por conductas funcionales. Seamos sinceros con ellos y con nosotros mismos, advirtiendo de las consecuencias y diciéndoles que estamos dispuestos a ayudarles. ¡Diciéndolo y haciéndolo!. Si no podemos hacerlo solos, busquemos la ayuda de profesores u otros profesionales, y trabajemos juntos con ellos, compartiendo las responsabilidades.

(Esther López Cárdenas, Familias Centro Ann Sullivan Granada España)

1.2. Pasos para mejorar la conducta de nuestros hijos

1º Reflexionar sobre la conducta inadecuada de nuestros hijos

Partimos de una premisa fundamental “nuestros hijos no son malos, sólo han aprendido a comportarse inadecuadamente y nosotros no hemos contado con métodos adecuados para enseñarles” LeBlanc, J.M. 1996.
Aunque en los momentos difíciles del día a día es difícil mantener este criterio, puede en muchas ocasiones ayudarnos a ver los problemas desde puntos de vista más constructivos. Se trata de reflexionar sobre cuáles son los problemas que más se repiten en el tiempo y que distorsionan la convivencia. Aunque creamos que hay conflictos de todo tipo y en todos los momentos, es posible que sólo uno de los comportamientos de nuestros hijos sea el que rompa la paz o impida avanzar en su educación. Se trata de medir lo que sube la temperatura de la convivencia para después deducir los cambios que servirán para equilibrar.
Recuerde el caso de Sam (epígrafe 1.1.), si él hubiera aprendido a tener las cosas cuando sus padres se las daban más que cuando a él se le antojaba, sus problemas de conducta no hubieran aumentado enormemente.

2º Planificar la mejora del comportamiento de mis hijos

Para tener éxito lo más importante es planificar y está claro que la vida resulta mucho más sencilla cuando se tiene una idea de lo que va a suceder. La mayoría de los problemas de comportamiento pueden evitarse con la planificación y es ahí donde les podemos sacar ventajas a nuestros hijos porque poseemos experiencia de cómo hacerlo:

Pensemos las metas. ¿ Tengo claro cómo me gustaría que fuese todo?. Para acertar en este punto hay que ser objetivo (las utopías sólo se dan en la ficción y los niños nunca pueden portarse bien el 100% del tiempo), realista (pienso en metas que son alcanzables para mis hijos y para mí) y funcional (una meta que contribuya a una mejoría de todos los miembros de la familia para crear un ambiente positivo en nuestro hogar).

Escribamos una lista de lo que queremos mejorar o eliminar. Es posible que queramos conseguir cambios que impliquen “ser felices” o “llevarse bien con sus hermanos” pero para hacer cambios importantes necesitamos ser más específicos: Qué significa que se lleven bien, ante qué personas o situaciones espera que ellos se comporten y de qué manera deben hacerlo bien.

Investiguemos durante siete días. Una vez seleccionado lo que queremos cambiar, apuntamos en un papel las veces que aparece al final de cada día sin intentar actuar. En el futuro nos permitirá valorar si se están produciendo cambios positivos y descubrir algunas soluciones lógicas y fáciles. Es muy interesante este punto, ya que en ocasiones, los cambios se producen sin necesidad de intervenir.

Lista de incompatibles. Escribimos una lista con aquellas acciones que serían incompatibles con los comportamientos que queremos eliminar. Es decir, si elegimos que nuestros hijos no den un manotazo a su hermano cuando quieran su juguete, la conducta alternativa sería que mis hijos se pidan los juguetes usando la palabra “por favor, ¿me dejas tu juguete?”. Esta es la parta más difícil porque implica educar más que corregir y los padres muchas veces nos guiamos por el castigo con efectos inmediatos que por el esfuerzo a largo plazo que implica enseñar algo que no se conoce.

Llegados aquí podemos afirmar que en todas las observaciones recopiladas tenemos el mejor manual de control de conductas inadecuadas, lo que implica casi el 50 % del éxito. Ahora resta la parte productiva, hacer “los cambios”. Pero …parémonos un momento y pensemos ¿no sabemos ahora mejor que nunca lo que debemos de hacer?

3º Anticiparse

Cuando sabemos en qué sitios nuestros hijos son revoltosos y en qué momentos es más probable que se desencadenen los problemas, tenemos la clave de cómo prevenirlos. Anticiparse implica que antes de salir o estar en una situación de probable conflicto debemos:

Explicar las normas antes (no después de los conflictos)

“¿Te gustaría que fuésemos a echar un vistazo a la juguetería?”
“Si, me gustaría mucho, papá”
“Vamos a ir a mirar y a jugar, pero no vamos a comprar nada ¿Qué quieres decir?”
“pues que si quieres vamos y nos divertimos, pero no vamos a comprar nada. ¿Sigues queriendo ir? Si”)

Dar alternativas para que no ocurra el conflicto

“Cariño, llevamos 30 minutos muy tranquilos”
“Gracias mamá”
“Es probable que dentro de un rato te aburras, ¿Te gustaría tener tu juguete de casa?”
“Si mamá pero no me lo he traído”
“No te preocupes hijo, yo me he acordado de traértelo pero he previsto dártelo cuando estuvieras aburrido”

Cada quince minutos, les recordamos cómo será la recompensa.

“Estoy asombrada, lleváis quince minutos tranquilos”
“Qué dijimos que pasaría cuando todo fuera bien”
“Mañana, podríamos ver la TV” “Pues lo estáis consiguiendo”

Hagámosles partícipes en el plan que estamos siguiendo. Que sean ellos los que nos digan qué deben hacer y los incentivos que les gustaría conseguir.


“Pablo, qué es lo mejor que podrías hacer en el restaurante”
“Portarme bien papá”
“Hijo pero qué es portarse bien”
“Estar sentado comiendo con los cubiertos”
“Excelente hijo. Y si eso ocurre ¿qué podría hacer yo?”
“Papá, tú podrías invitarme a esa bola de juguete que hay allí”
“Pero esa bola es demasiado grande”
“Si papá pero podría conseguirla si además llevo a mi hermana al baño”
“Buena idea, estoy de acuerdo contigo. Así haremos”


4º Corregir a mi hijo en cuanto la conducta inadecuada aparece.
Hay veces que por muy previsores que seamos, las conductas inadecuadas aparecen por inercia, es decir, es la costumbre. Recuerde que los cambios se producirán poco a poco de manera que deberemos estar preparados para los momentos difíciles. Debemos tener en cuenta que estas situaciones también son oportunidades para aprender, es decir, para aprender que con esos comportamientos no conseguirá nada. Para actuar con éxito:

Estemos calmados, no permitiendo que la pataleta nos desespere. Eso les mostrará que estamos seguros de lo que hacemos.

Cuidemos el modelo de corrección que le estamos dando. Si le pegamos por pegar, afianzaremos lo que queremos eliminar. Si castigamos por no colaborar, restaremos oportunidades de aprender como hacerlo mejor.

Apliquemos las consecuencias que establecimos en nuestro plan.
Podemos ignorar llantos, gritos, … siempre que no actúen contra otra persona, podemos sacarles físicamente a otro lugar (todo depende de cada niño y del análisis de su comportamientos que hicimos al principio). Por ejemplo:

Si con el llanto nos pide el juguete, decimos con una frase “cuando lloras no te entiendo”.
Si con la pataleta hace que todos le miren, lo sacamos de la situación y decimos “cuando estés tranquilo volveremos”
Si con la agresión a su hermano consigue el juguete, coja el juguete y mirando a su hermano diga “los juguetes se comparten”.

Seamos inmediatos y persistentes, dejarlo para más tarde o pasarlo un día sí y otro no puede tener el peor de los efectos a largo plazo.

Quitemos del campo visual el motivo de disputa. Pasado un tiempo, iniciamos una nueva situación que no tenga nada que ver y comenzamos a recompensarle por su participación. No olvidemos que un niño que muestra una conducta inapropiada a menudo, puede tener falta de motivación para colaborar. Busque las motivaciones en otras facetas más productivas.

Recordarle que “él puede estar tranquilo” podría servirle de ayuda sobre cómo puede conseguir salir del conflicto. Pero cuidado, si le recordamos lo que hizo mal o utilizamos amenazas la conducta se podrá disparar de nuevo.

Jamás les abracemos o besemos en mitad o al final inmediato de un conflicto. Esta consecuencia puede confundirles con que el cariño siempre viene después de la pelea.

(Esther López Cárdenas, Familias, Centro Ann Sullivan Granada España)


Hola amigos de Escuela de Padres:

Os saludamos a todos con cariño  y nos ponemos en contacto, como otras veces, para deciros que comenzamos con otros tres grupos de Escuela de Padres del primer nivel “Educarse para educar”:

  • En el Colegio Ave María, los martes a las 15,45 (comienzo, día 2 de febrero).
  • En el colegio Nazaret (La Victoria), los viernes a las 17,30 (comienzo, día 5 de febrero). (Padres de Nazaret y Cristo Rey)
  • En el Colegio San Agustín, los lunes a las 15,45 (comienzo, día 8 de febrero)

Si alguno conociera gente que quiera apuntarse, se lo comentáis. Los interesados que se pongan en contacto con nosotros. (983 34 13 28 – 661 90 84 49)

También informar del Curso de Pareja que está previsto para los días 12, 13 y 14 de marzo, que tendrá lugar en el Colegio Cristo Rey. Os recordamos que el precio es 120 € por pareja  y que las plazas son limitadas; un máximo de 12 parejas.

Hace poco escuché la historia sobre un quinceañero que le informó a su madre que a partir de ese momento su cuarto sería considerado una república independiente. Esas fueron sus palabras textuales. No sólo se quedó en este anuncio, sino que procedió a instalar una cerradura en la puerta. La madre la destruyó con un martillo. El muchacho instaló otra. ¿Qué originó tamaña insubordinación? Las constantes invasiones de la madre para intentar ordenar y limpiar el territorio nacional. No realmente estas sino las consecuencias de las mismas. Luego de los ataques a punta de escoba y plumero, el pobre joven no lograba conseguir cosas importantes y su madre sólo le respondía “tu deberías saber dónde están tus cosas, son tuyas.” Está claro que estas acciones fueron producto de un conflicto de larga data, que se repiten casi con cada niño.

Si eres padre y estás pasando por estos problemas tengo un mantra para tí: “es mi culpa, es mi culpa, es mi grandísima culpa”. Si en algún momento pensaste que tu hijo debería ordenar, pero nunca le enseñaste cómo, es tu culpa. Es raro que un niño sea ordenado por naturaleza. Lo bueno de que sea tu culpa es que generalmente eres parte de la solución. Siguen algunos tips que pueden ayudar:

  • Diseña el cuarto tomando en cuenta la ergonomía. No esperes que un niño que mide un metro mantenga ordenado un armario donde la barra está a casi dos metros de altura. Sentido común, padres. En la foto estoy yo con mi armario. Incluso si hubiese querido (que definitivamente no quería) no hubiese podido ordenar mi ropa. ¿Quieres que tu hijo colabore con la limpieza de su cuarto y del hogar en general? Recuerda ponerte en su lugar y eliminar barreras físicas.
  • Elimina algunas barreras psicológicas. Si tu hijo ve el ordenar como un castigo o como una actividad obligatoria sin ninguna ventaja aparente, es difícil lograr que lo haga a menudo. Poner una red de basquetball justo encima de la cesta de la ropa sucia es un truco típico. Piensa en otras cosas así. Pídele a tu hijo el pintor que ordene las cosas por color. O haz una carrera contra algún hermano a ver quién termina primero. Premia la organización con puntos intercambiables por cosas tangibles.
  • Apela a su necesidad de dominar habilidades. A los ocho años, más o menos, los niños entran en una fase donde se sienten más seguros si dominan las habilidades que le permiten más independencia. Se imaginan qué harían ellos sin sus padres y la respuesta puede ser más o menos angustiosa para ellos de acuerdo a qué tanto sienten que son independientes. En mi propio caso, jamás tuve que aprender a cocinar pues había una empleada para cocinar todos los días. A pesar de que mi madre es una excelente cocinera, en las ocasiones en que ella misma preparaba comida para decenas de invitados, me mantenía fuera de la cocina. Entiendo porqué era engorrosa mi presencia en ese momento y porqué  no era prioritario que yo supiera preparar mi propia comida, sin embargo el hecho es que no aprendí. Por su puesto crecí viendo la cocina como algo místico y no fue hasta hace poco que decidí que no podía ser tan difícil y que definitivamente es parte importante de controlar tu alimentación. Piensa lo siguiente: incluso si en este momento y en estas circunstancias no necesitan tus hijos limpiar, ordenar, cocinar, puede ser que lo necesiten mañana. Que dominen estas habilidades los hará sentirse más seguros y puede ser el día de mañana incluso una fuente de empleo.
  • Enséñales a estudiar con kaizen y próximos pasos. Lo que recomiendo a todo el mundo es realmente a todo el mundo, incluso a los más jóvenes. Desde pequeña postergaba las asignaciones escolares que me parecían grandes hasta el momento en que no tenía más remedio que comenzar, con todos los problemas que eso me acarreaba. Enséñale a tu hijo que todo proyecto tiene encerradas muchas tareas pequeñas. Siéntate con él o ella y escribe la lista de tareas y pregúntale cuánto tiempo cree que va a tardarle terminarla. ¿Un día? ¿Dos horas? Esto le ayudará a ir calibrando y calculando con más exactitud el tiempo que podría necesitar. Si los sistemas de productividad ayudan a los adultos, enseñando a tu hijo desde pequeño, le estás dando una ventaja sobre sus pares.
  • Establece rutinas para tus hijos.  Una cosa para cual un niño definitivamente no está equipado es para afrontar espacios grandes de tiempo no estructurado. Los niños necesitan jugar y dejar correr la imaginación, es cierto, pero no todo el tiempo. En esa magia de la niñez, donde hay esa sensación de asombro y maravilla ante tantas cosas, ya hay bastante incertidumbre. Y saber que pase lo que pase se puede contar con ciertas cosas es reconfortante. Por supuesto es también la manera más fácil de lograr que un niño se acostumbre a bañarse, lavarse los dientes, hacer su cama.

Un último comentario. Me desespero cuando veo a algunas madres de mi generación consultar a sus hijos de cuatro años si desean cortarse el cabello (el 100% de las veces la respuesta es “no, gracias”), qué exactamente quisieran comer, cuál ropa quieren ponerse. Los niños de cuatro, seis, ocho, diez, no tienen criterio para decidir muchas cosas. Y los padres necesitan tomar responsabilidad por muchas decisiones y proveer de una estructura. No es necesario ser un completo demócrata en casa. Esta estructura llevará a tus hijos a ser organizados y productivos. Y si tus hijos saben serlo tu relación será menos conflictiva.

Los experimentos científicos son una herramienta didáctica eficaz y motivadora para alumnos de todas las edades. Tinta que se vuelve invisible, huevos que se fríen sin aceite o globos que se inflan sin soplar. No, no son juegos de magia, sino el resultado de aplicar algunos de los principios más elementales de la física o la química a los objetos cotidianos. Los experimentos científicos permiten despertar el interés de los estudiantes por la ciencia y los motiva en la búsqueda de las explicaciones a los resultados obtenidos, un objetivo nada fácil de conseguir con las clases tradicionales.

Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo aprendí, lo hice y lo entendí (Confucio)

Memorizar las fórmulas químicas elementales o realizar una y otra vez ejercicios de trigonometría no son garantía de que un estudiante aprenda y entienda los conceptos científicos fundamentales que se integran en su currículo educativo, más bien puede llegar a crear apatía e incluso desinterés por las materias. Sin embargo, si esos mismos conceptos se enseñan utilizando como herramienta didáctica la demostración científica por medio de experimentos, es posible que se logre una mejor comprensión de los contenidos de las asignaturas de ciencias por parte de los alumnos.

Por medio de los experimentos los alumnos pueden comprobar la utilidad y aplicación de los conocimientos teóricos

Y es que cuando un profesor ilustra sus clases de ciencias con algún experimento sencillo y simple que resulte fácil de entender, atrae rápidamente la atención de los estudiantes y crea en ellos mayor interés y aprecio por la asignatura. Por medio de los experimentos los alumnos pueden comprobar la utilidad y aplicación de los conocimientos teóricos adquiridos, convirtiéndose así el aprendizaje en una experiencia más motivadora.

Para que los experimentos científicos realizados en clase cumplan su función didáctica es importante que el profesor involucre al alumno en el desarrollo del experimento, que lo dirija de la forma adecuada y le permita equivocarse, de modo que sea él mismo el que obtenga las respuestas a las cuestiones científicas planteadas en la experimentación y llegue a sus propias conclusiones. Asimismo, es importante adecuar los experimentos a la edad del alumno, ya que un experimento que resulta fácilmente comprensible por un alumno de secundaria puede ser inadecuado para otro de primaria.

Además de experimentar en clase, los niños y jóvenes también pueden realizar un buen número de experimentos en casa que les acerquen de forma sencilla a los conceptos científicos básicos. En Internet cuentan actualmente con varios recursos donde se exponen un buen número de experimentos sencillos que se pueden realizar con materiales y elementos fáciles de encontrar en cualquier hogar:

  • El rincón de los experimentos: este sitio web recoge más de 100 actividades prácticas y experimentos que pueden realizarse con pocos medios, sin necesidad de utilizar elementos de laboratorio; la mayoría de los experimentos pueden realizarse en casa con utensilios caseros. Están clasificados por materias como luz y sonido, magnetismo, calor y temperatura o electroestática.
  • Curiosikids: en este portal, integrado en el Museo de los niños de Caracas, se pueden encontrar más de 400 experimentos explicados a través de una presentación online, donde el joven puede comprobar cómo se hacen y realizarlos después en casa si lo desea. También contiene fichas de cada experimento que explican el desarrollo, el material que se utiliza y los principios que demuestra.
  • Taller Madri+d: esta red de trabajo que agrupa instituciones públicas y privadas de investigación incluye un taller de experimentos científicos dirigidos a estudiantes de Secundaria. Los experimentos están muy bien clasificados por ámbitos curriculares, como física, química, biología, geología, matemáticas o conocimiento del medio y cada uno de ellos, a su vez, se estructura en diferentes subcategorías.
  • Experimentar: un proyecto de la Secretaría de Planeamiento y Políticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina destinado a acercar a niños y jóvenes a la teoría científica y a las ciencias de la naturaleza a traves de los experimentos.
  • Ciencianet: este portal, creado por un profesor de física y química de un instituto de Secundaria gallego, incluye curiosidades y experimentos científicos basados en las más famosas teorías de la física y la química, explicados de manera sencilla para que los jóvenes puedan entenderlos.
  • Diverciencia: recoge una selección de 72 guiones de prácticas de laboratorio de Física y Química realizada por Fernando Jimeno, profesor de Secundaria en Zaragoza, que ya los ha aplicado en su aula. Los experimentos trabajan aspectos divertidos, curiosos, sorprendentes y recreativos de ambas ciencias.

Autor: MARTA VÁZQUEZ-REINA en Consumer Eroski

Este Otoño Eduardo Punset nos ofreció su uĺtimo libro, donde una vez más, como en sus programas nos explica como funciona nuestro cerebro. Por qué hacemos lo que hacemos. Por que decidimos lo que decidimos, y por que nos resulta tan fácil llegar a ser infelices. Él siempre suele decir… ¿Cómo podíamos estar, sin saber que pasaba dentro de nosotros? Creo que seguimos sin saberlo. El cerebro es complejo, las neuronas se comunican, se cuentan historias, las crean, las inventan, las imaginan. Me ha gustado el capítulo que dedica a los niños. Todo se decide antes de los cinco años. Realmente creo que esto siempre se ha sabido, en todas las culturas, se hablaba de ciclos de cinco o siete años, de hecho a esa edad se realiza la primera comunión en culturas cristianas y otros tipos de iniciación en otras culturas. El cerebro del bebé duplica su peso durante los seis primeros meses y adquiere el 95% de su tamaño al final de los siete años. Las conexiones neuronales, las vías, los caminos que luego nos facilitarán nuestras vidas, es a esa edad cuando se abren para facilitarnos la felicidad, la confianza y el amor. Creo que debemos plantearnos seriamente con quién dejamos a nuestros bebés durante este tiempo tan fundamental para su formación. Debemos darnos cuenta que el bebé para su maduración neuronal necesita sencillamente a su mamá.

¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano? La relación entre padres e hijos en los primeros años de vida de los niños tiene una importancia fundamental según están demostrando los psicólogos. La ciencia aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa de los niños. Eduardo Punset visitó a Jay Belsky, psicólogo experto en el desarrollo del niño y en las relaciones de familia, para discutir sobre estos temas.

Los libros son la puerta de entrada a todo un mundo de conocimiento y fantasía. Por eso cuanto antes podamos penetrar en ese universo mucho mejor. Enseñar a leer a nuestro hijo antes de que aprenda en la escuela no es ni descabellado ni temerario: él puede aprender a leer si nosotros le ayudamos y nos lo pasamos bien haciéndolo. Además, vivir el descubrimiento de la lectura con nuestro hijo es una experiencia muy satisfactoria que estrechará los lazos afectivos de todos.

“A los niños les enseñan a leer en el colegio… ¿por qué vamos a enseñarles en casa?”, “Ya tendrán tiempo de aprender a leer cuando les enseñen con seis años”. Son comentarios que oímos decir a la mayoría de la gente.

Ciertamente, el aprendizaje de la lengua escrita suele darse en las escuelas a partir de los cuatro o cinco años en los mejores casos, concretándose las habilidades lectoras entre los seis y los siete años. ¿Y por qué no antes…?

Los bebés aprenden a hablar, a andar, a correr, a relacionarse con el mundo a lo largo de los tres o cuatro primeros años de vida. Sus capacidades psicofísicas se lo permiten. De la misma manera pueden aprender a leer. Lo único que tenemos que comprobar es que nuestro hijo tenga la madurez evolutiva necesaria para poder incorporar este aprendizaje, en principio complejo.

En el aprendizaje de la lectura intervienen diferentes áreas situadas en los dos hemisferios cerebrales: la que ve los símbolos, la que los reconoce, la que les otorga significado, la que oye las palabras y la que las reconoce. Para que el niño pueda aprender a leer, todas estas áreas deben poder establecer conexiones entre sí mediante las ramificaciones nerviosas de las células cerebrales que las integran. Para que estas conexiones se realicen adecuadamente, estas células (neuronas) deben estar revestidas de una vaina de mielina que las aísle eléctricamente.

El proceso de mielinización de las neuronas se da durante toda la infancia, pero alrededor de los dos años de edad las conexiones básicas ya están establecidas y las áreas anteriores interconectadas. Podemos entonces afirmar que a partir de esta edad, el desarrollo cerebral del niño le permite incorporar la información lectora recibida y otorgarle significado.

De hecho, si un niño de tan sólo 18 o 20 meses le señalamos una etiqueta de “Coca Cola” o una tapa de su yogur habitual nos dirá ‘lo que pone’ casi de inmediato: está reconociendo unos símbolos escritos en un contexto concreto. Ese es el primer paso para la lectura. Y los dos años son un buen momento para empezar.

Lo que el niño de esta edad necesita para poder asomarse al mundo de la lectura es disponer de las imágenes adecuadas, suficientemente grandes y atractivas (la letra de los cuentos y de los libros es demasiado pequeña) como para captar toda su atención. Las letras grandes, el color rojo para empezar y el entusiasmo comunicado por el padre o la madre, son ingredientes suficientes para motivar al niño en la adquisición de la lectura.

Los padres podemos reinterpretar y ofrecer el lenguaje escrito a nuestro hijo de manera que adaptemos la información necesaria. Para que aprenda a leer debemos tener siempre en cuenta:

  • Los intereses del niño: temas que le motiven.
  • Sus necesidades y capacidades madurativas: la información debe seguir unos criterios de tamaño y letra adecuados.
  • Sus características específicas para el aprendizaje: la repetición diaria de los grupos de palabras, sesiones cortas pero frecuentes, etc.
  • Una actitud de entusiasmo, buen humor y confianza en las capacidades del niño por parte de quien lleve adelante el programa de lectura.
  • El niño aprende a hablar aparentemente sin esfuerzo. Por el mero hecho de estar inmerso en un ambiente lingüístico concreto, logra interiorizar y utilizar correctamente no sólo las palabras sino también las estructuras lingüísticas, ésas que nos dieron tanto la lata en las clases de gramática.

    ¿Cómo logra un niño acceder a un aprendizaje tan complejo como el lenguaje de forma tan sencilla?

    Básicamente por cuatro motivos:

  • Porque se encuentra en una etapa especialmente sensible para la adquisición del habla.
  • Porque la repetición constante de palabras que nuestro hijo oye a su alrededor, le permite pasar de los primeros sonidos (balbuceos) a las primeras palabras ‘papá’, ‘nene’, luego a las palabras con valor de frase ‘pan’ (quiero pan), pasando por los pares de palabras ‘mama ven’ (mama ven conmigo a jugar) hasta llegar a las frases simples, a las más complejas y al dominio más o menos competente de una o más lenguas habladas.
  • Porque las respuestas de entusiasmo que recibe de las personas que le rodean cuando logra articular una palabra, le animan a construir sus primeros intentos de frases. Ejercen de estímulo positivo para continuar aprendiendo.
  • Porque el uso del lenguaje se convierte pronto en una necesidad para comunicarse con las personas y consigo mismo.
  • Este método de aprendizaje de la lengua materna es el mismo que utilizaremos para enseñar a nuestro hijo a leer a partir de los 2 o 3 años. Está basado en la repetición de las palabras que forman el vocabulario básico y habitual de nuestro hijo, y del estímulo positivo y el uso de la lengua escrita para contar y aprender cosas. El niño recibirá, a través de unas cartulinas que confeccionaremos a las que llamaremos BITS DE LECTURA (unidades de información), una imagen global de la palabra como unidad coherente y significativa que podrá memorizar, reconocer y reutilizar en diferentes contextos a medida que avanza el programa.

    Las ventajas de la lectura en edades tempranas son considerables:

    • Por un lado, la lectura es la puerta de entrada al mundo del conocimiento y de la imaginación.
    • En ningún caso estos niños son problemáticos sino todo lo contrario. El problema no es empezar a leer pronto sino tarde.
    • El niño con una gran competencia lectora se siente más seguro de sí mismo, más motivado para el aprendizaje y, por supuesto, más capaz para enfrentar el aprendizaje de la lengua escrita.
    • Tal vez la mayor ventaja de enseñar a leer a un hijo pequeño sea la intensa relación que se establece entre el padre o la madre y el niño al compartir una situación de aprendizaje que ampliará las posibilidades creativas e imaginativas del niño, así como mejorará en gran medida su autonomía personal (podrá adentrarse en el mundo de la fantasía escrita cada vez que lo desee).

    Como madre con hijos que han leído a edades tempranas puedo decir que para ellos era extremadamente gratificante leer de forma autónoma, poder leer a sus hermanos o amigos las cosas que les interesaban y, en cuanto al concepto que de ellos mismos tenían, su seguridad en sí mismos y su valía para el aprendizaje escolar tuvieron mucho que ver con su gran competencia lectora. En ningún momento, para ellos, supuso un problema saber leer desde pequeños.

    Otros enlaces sobre lectura:



    Carmen Herrera García
    Profesora de Educación Infantil y Primaria

    Orden para el fomento de la convivencia en centros docentes de Castilla y León

    Una orden de la Consejería de Educación regula los instrumentos
    para fomentar la convivencia en los centros educativos.

    Contiene entre otras cosas un protocolo de actuación para casos de acoso entre escolares. La Junta pretende fomentar una cultura de convivencia en la que se impliquen dirección, docentes, alumnos y padres. La orden, de aplicación en los centros docentes sostenidos con fondos públicos en la Comunidad, persigue el fomento de la convivencia con el desarrollo adecuado de las relaciones entre todos los integrantes de la comunidad educativa, con una especial atención a “los alumnos que presenten alteraciones en el comportamiento”.

    Como actuaciones más significativas, el Equipo Directivo de cada centro deberá elaborar un Plan de Convivencia anual, que tendrá en cuenta las medidas e iniciativas propuestas por el Consejo Escolar y Claustro de Profesores. La Comisión de Convivencia del Consejo Escolar, que debería venir funcionando desde el año 96 en todos los centros, deberá elaborar trimestralmente un informe sobre las incidencias en ese periodo. Lo mismo que deberán hacer las direcciones provinciales y la Consejería de Educación en los ámbitos provincial y regional, respectivamente. Los centros deberán poner en marcha actuaciones para prevenir y solventar las alteraciones de comportamiento y ante situaciones de posible intimidación y acoso entre alumnos, que deberán incorporarse al Plan de Convivencia, para lo que la Consejería propone sendos protocolos de actuación.

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    Consejos concretos para tratar las rabietas cuando vamos al súper y se encapricha con todo.

    Consejos muy prácticos con niños pequeños son los siguientes: no abusar del tiempo de compras, cada niño tiene su límite, no llegar a superarlo. Evitar pasar por los lugares “críticos” si no hay necesidad. Las calles de chucherías, chocolatinas y parecidas son las más tentadoras para los niños. Si no hay necesidad, evitar pasar por ellas.

    Si se encapricha con algo que no queréis comprarle decir que no y no detenerse demasiado a razonar o no tratéis de engañarlo con “mentiras piadosas”. Si a pesar de lo anterior, hace una rabieta en una de las calles de supermercado ignorarlo. Seguir vuestro camino como si nada ocurriera. No intentéis razonar si la rabieta ha explotado. Si podéis, pasad a otra calle. Lo más probable es que os siga. Si os sigue pero aparece con lo que quería, sin enfadarse se lleva de nuevo a su sitio.

    El momento crítico puede ser la caja. Lo mejor es ir mentalizado. Suele haber objetos que atraen a los niños. No razonar con él, se le dice que no una vez y se le ignora. Si llora o patalea ignorarlo a él y las posibles miradas y comentarios del resto de clientes. Estáis haciendo lo correcto con vuestro hijo, una vez habéis pagado os dirigís hacia la salida.

    El objetivo último en este lugar crítico para las rabietas es que el niño no se salga con la suya con este comportamiento. Si lo consigue, lo repetirá porque le resultará efectivo.

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