Los experimentos científicos son una herramienta didáctica eficaz y motivadora para alumnos de todas las edades. Tinta que se vuelve invisible, huevos que se fríen sin aceite o globos que se inflan sin soplar. No, no son juegos de magia, sino el resultado de aplicar algunos de los principios más elementales de la física o la química a los objetos cotidianos. Los experimentos científicos permiten despertar el interés de los estudiantes por la ciencia y los motiva en la búsqueda de las explicaciones a los resultados obtenidos, un objetivo nada fácil de conseguir con las clases tradicionales.
Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo aprendí, lo hice y lo entendí (Confucio)
Memorizar las fórmulas químicas elementales o realizar una y otra vez ejercicios de trigonometría no son garantía de que un estudiante aprenda y entienda los conceptos científicos fundamentales que se integran en su currículo educativo, más bien puede llegar a crear apatía e incluso desinterés por las materias. Sin embargo, si esos mismos conceptos se enseñan utilizando como herramienta didáctica la demostración científica por medio de experimentos, es posible que se logre una mejor comprensión de los contenidos de las asignaturas de ciencias por parte de los alumnos.
Por medio de los experimentos los alumnos pueden comprobar la utilidad y aplicación de los conocimientos teóricos
Y es que cuando un profesor ilustra sus clases de ciencias con algún experimento sencillo y simple que resulte fácil de entender, atrae rápidamente la atención de los estudiantes y crea en ellos mayor interés y aprecio por la asignatura. Por medio de los experimentos los alumnos pueden comprobar la utilidad y aplicación de los conocimientos teóricos adquiridos, convirtiéndose así el aprendizaje en una experiencia más motivadora.
Para que los experimentos científicos realizados en clase cumplan su función didáctica es importante que el profesor involucre al alumno en el desarrollo del experimento, que lo dirija de la forma adecuada y le permita equivocarse, de modo que sea él mismo el que obtenga las respuestas a las cuestiones científicas planteadas en la experimentación y llegue a sus propias conclusiones. Asimismo, es importante adecuar los experimentos a la edad del alumno, ya que un experimento que resulta fácilmente comprensible por un alumno de secundaria puede ser inadecuado para otro de primaria.
Además de experimentar en clase, los niños y jóvenes también pueden realizar un buen número de experimentos en casa que les acerquen de forma sencilla a los conceptos científicos básicos. En Internet cuentan actualmente con varios recursos donde se exponen un buen número de experimentos sencillos que se pueden realizar con materiales y elementos fáciles de encontrar en cualquier hogar:
- El rincón de los experimentos: este sitio web recoge más de 100 actividades prácticas y experimentos que pueden realizarse con pocos medios, sin necesidad de utilizar elementos de laboratorio; la mayoría de los experimentos pueden realizarse en casa con utensilios caseros. Están clasificados por materias como luz y sonido, magnetismo, calor y temperatura o electroestática.
- Curiosikids: en este portal, integrado en el Museo de los niños de Caracas, se pueden encontrar más de 400 experimentos explicados a través de una presentación online, donde el joven puede comprobar cómo se hacen y realizarlos después en casa si lo desea. También contiene fichas de cada experimento que explican el desarrollo, el material que se utiliza y los principios que demuestra.
- Taller Madri+d: esta red de trabajo que agrupa instituciones públicas y privadas de investigación incluye un taller de experimentos científicos dirigidos a estudiantes de Secundaria. Los experimentos están muy bien clasificados por ámbitos curriculares, como física, química, biología, geología, matemáticas o conocimiento del medio y cada uno de ellos, a su vez, se estructura en diferentes subcategorías.
- Experimentar: un proyecto de la Secretaría de Planeamiento y Políticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina destinado a acercar a niños y jóvenes a la teoría científica y a las ciencias de la naturaleza a traves de los experimentos.
- Ciencianet: este portal, creado por un profesor de física y química de un instituto de Secundaria gallego, incluye curiosidades y experimentos científicos basados en las más famosas teorías de la física y la química, explicados de manera sencilla para que los jóvenes puedan entenderlos.
- Diverciencia: recoge una selección de 72 guiones de prácticas de laboratorio de Física y Química realizada por Fernando Jimeno, profesor de Secundaria en Zaragoza, que ya los ha aplicado en su aula. Los experimentos trabajan aspectos divertidos, curiosos, sorprendentes y recreativos de ambas ciencias.
Autor: MARTA VÁZQUEZ-REINA en Consumer Eroski
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Este Otoño Eduardo Punset nos ofreció su uĺtimo libro, donde una vez más, como en sus programas nos explica como funciona nuestro cerebro. Por qué hacemos lo que hacemos. Por que decidimos lo que decidimos, y por que nos resulta tan fácil llegar a ser infelices. Él siempre suele decir… ¿Cómo podíamos estar, sin saber que pasaba dentro de nosotros? Creo que seguimos sin saberlo. El cerebro es complejo, las neuronas se comunican, se cuentan historias, las crean, las inventan, las imaginan. Me ha gustado el capítulo que dedica a los niños. Todo se decide antes de los cinco años. Realmente creo que esto siempre se ha sabido, en todas las culturas, se hablaba de ciclos de cinco o siete años, de hecho a esa edad se realiza la primera comunión en culturas cristianas y otros tipos de iniciación en otras culturas. El cerebro del bebé duplica su peso durante los seis primeros meses y adquiere el 95% de su tamaño al final de los siete años. Las conexiones neuronales, las vías, los caminos que luego nos facilitarán nuestras vidas, es a esa edad cuando se abren para facilitarnos la felicidad, la confianza y el amor. Creo que debemos plantearnos seriamente con quién dejamos a nuestros bebés durante este tiempo tan fundamental para su formación. Debemos darnos cuenta que el bebé para su maduración neuronal necesita sencillamente a su mamá.
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¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano? La relación entre padres e hijos en los primeros años de vida de los niños tiene una importancia fundamental según están demostrando los psicólogos. La ciencia aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa de los niños. Eduardo Punset visitó a Jay Belsky, psicólogo experto en el desarrollo del niño y en las relaciones de familia, para discutir sobre estos temas.
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Los libros son la puerta de entrada a todo un mundo de conocimiento y fantasía. Por eso cuanto antes podamos penetrar en ese universo mucho mejor. Enseñar a leer a nuestro hijo antes de que aprenda en la escuela no es ni descabellado ni temerario: él puede aprender a leer si nosotros le ayudamos y nos lo pasamos bien haciéndolo. Además, vivir el descubrimiento de la lectura con nuestro hijo es una experiencia muy satisfactoria que estrechará los lazos afectivos de todos.
“A los niños les enseñan a leer en el colegio… ¿por qué vamos a enseñarles en casa?”, “Ya tendrán tiempo de aprender a leer cuando les enseñen con seis años”. Son comentarios que oímos decir a la mayoría de la gente.
Ciertamente, el aprendizaje de la lengua escrita suele darse en las escuelas a partir de los cuatro o cinco años en los mejores casos, concretándose las habilidades lectoras entre los seis y los siete años. ¿Y por qué no antes…?
Los bebés aprenden a hablar, a andar, a correr, a relacionarse con el mundo a lo largo de los tres o cuatro primeros años de vida. Sus capacidades psicofísicas se lo permiten. De la misma manera pueden aprender a leer. Lo único que tenemos que comprobar es que nuestro hijo tenga la madurez evolutiva necesaria para poder incorporar este aprendizaje, en principio complejo.
En el aprendizaje de la lectura intervienen diferentes áreas situadas en los dos hemisferios cerebrales: la que ve los símbolos, la que los reconoce, la que les otorga significado, la que oye las palabras y la que las reconoce. Para que el niño pueda aprender a leer, todas estas áreas deben poder establecer conexiones entre sí mediante las ramificaciones nerviosas de las células cerebrales que las integran. Para que estas conexiones se realicen adecuadamente, estas células (neuronas) deben estar revestidas de una vaina de mielina que las aísle eléctricamente.
El proceso de mielinización de las neuronas se da durante toda la infancia, pero alrededor de los dos años de edad las conexiones básicas ya están establecidas y las áreas anteriores interconectadas. Podemos entonces afirmar que a partir de esta edad, el desarrollo cerebral del niño le permite incorporar la información lectora recibida y otorgarle significado.
De hecho, si un niño de tan sólo 18 o 20 meses le señalamos una etiqueta de “Coca Cola” o una tapa de su yogur habitual nos dirá ‘lo que pone’ casi de inmediato: está reconociendo unos símbolos escritos en un contexto concreto. Ese es el primer paso para la lectura. Y los dos años son un buen momento para empezar.
Lo que el niño de esta edad necesita para poder asomarse al mundo de la lectura es disponer de las imágenes adecuadas, suficientemente grandes y atractivas (la letra de los cuentos y de los libros es demasiado pequeña) como para captar toda su atención. Las letras grandes, el color rojo para empezar y el entusiasmo comunicado por el padre o la madre, son ingredientes suficientes para motivar al niño en la adquisición de la lectura.
Los padres podemos reinterpretar y ofrecer el lenguaje escrito a nuestro hijo de manera que adaptemos la información necesaria. Para que aprenda a leer debemos tener siempre en cuenta:
El niño aprende a hablar aparentemente sin esfuerzo. Por el mero hecho de estar inmerso en un ambiente lingüístico concreto, logra interiorizar y utilizar correctamente no sólo las palabras sino también las estructuras lingüísticas, ésas que nos dieron tanto la lata en las clases de gramática.
¿Cómo logra un niño acceder a un aprendizaje tan complejo como el lenguaje de forma tan sencilla?
Básicamente por cuatro motivos:
Este método de aprendizaje de la lengua materna es el mismo que utilizaremos para enseñar a nuestro hijo a leer a partir de los 2 o 3 años. Está basado en la repetición de las palabras que forman el vocabulario básico y habitual de nuestro hijo, y del estímulo positivo y el uso de la lengua escrita para contar y aprender cosas. El niño recibirá, a través de unas cartulinas que confeccionaremos a las que llamaremos BITS DE LECTURA (unidades de información), una imagen global de la palabra como unidad coherente y significativa que podrá memorizar, reconocer y reutilizar en diferentes contextos a medida que avanza el programa.
Las ventajas de la lectura en edades tempranas son considerables:
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- Por un lado, la lectura es la puerta de entrada al mundo del conocimiento y de la imaginación.
- En ningún caso estos niños son problemáticos sino todo lo contrario. El problema no es empezar a leer pronto sino tarde.
- El niño con una gran competencia lectora se siente más seguro de sí mismo, más motivado para el aprendizaje y, por supuesto, más capaz para enfrentar el aprendizaje de la lengua escrita.
- Tal vez la mayor ventaja de enseñar a leer a un hijo pequeño sea la intensa relación que se establece entre el padre o la madre y el niño al compartir una situación de aprendizaje que ampliará las posibilidades creativas e imaginativas del niño, así como mejorará en gran medida su autonomía personal (podrá adentrarse en el mundo de la fantasía escrita cada vez que lo desee).
Como madre con hijos que han leído a edades tempranas puedo decir que para ellos era extremadamente gratificante leer de forma autónoma, poder leer a sus hermanos o amigos las cosas que les interesaban y, en cuanto al concepto que de ellos mismos tenían, su seguridad en sí mismos y su valía para el aprendizaje escolar tuvieron mucho que ver con su gran competencia lectora. En ningún momento, para ellos, supuso un problema saber leer desde pequeños.
Otros enlaces sobre lectura:
- Mejorar la comprensión lectora
- Aprender a leer
- Fomentar la lectura desde casa
- El aprendizaje significativo
- Hijos únicos
Carmen Herrera García
Profesora de Educación Infantil y Primaria
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Consejos concretos para tratar las rabietas cuando vamos al súper y se encapricha con todo.
Consejos muy prácticos con niños pequeños son los siguientes: no abusar del tiempo de compras, cada niño tiene su límite, no llegar a superarlo. Evitar pasar por los lugares “críticos” si no hay necesidad. Las calles de chucherías, chocolatinas y parecidas son las más tentadoras para los niños. Si no hay necesidad, evitar pasar por ellas.
Si se encapricha con algo que no queréis comprarle decir que no y no detenerse demasiado a razonar o no tratéis de engañarlo con “mentiras piadosas”. Si a pesar de lo anterior, hace una rabieta en una de las calles de supermercado ignorarlo. Seguir vuestro camino como si nada ocurriera. No intentéis razonar si la rabieta ha explotado. Si podéis, pasad a otra calle. Lo más probable es que os siga. Si os sigue pero aparece con lo que quería, sin enfadarse se lleva de nuevo a su sitio.
El momento crítico puede ser la caja. Lo mejor es ir mentalizado. Suele haber objetos que atraen a los niños. No razonar con él, se le dice que no una vez y se le ignora. Si llora o patalea ignorarlo a él y las posibles miradas y comentarios del resto de clientes. Estáis haciendo lo correcto con vuestro hijo, una vez habéis pagado os dirigís hacia la salida.
El objetivo último en este lugar crítico para las rabietas es que el niño no se salga con la suya con este comportamiento. Si lo consigue, lo repetirá porque le resultará efectivo.
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Para educar no existen fórmulas mágicas, pero si criterios generales que suelen funcionar. Muchos padres y madres se quejan de que sus hijos no les obedecen, quizás sea una de sus mayores preocupaciones. Si alguien descubriera la receta para que los hijos obedezcan coparía las portadas de los periódicos. No existe la fórmula mágica por la sencilla razón de que los hombres somos libres y no mecánismos automáticos o animalitos. Como criterio general se puede dar este, quien quiera ser obedecido debe dar pocos mandatos. Todos, incluidos nuestros hijos, no sólo somos libres sino que necesitamos sentirnos libres. Claro que, para dar pocos mandatos hay que tener muy claro que es lo importante y que lo accesorio en la educación. Esto supone tener un proyecto de vida propio, familiar. Para aplicar esta máxima es necesario no actuar en función del humor, el tiempo o las prisas sino de criterios claros y básicos. Pocos mandatos y ejemplo de vida propia son dos maneras de actuar que nos ayudarán en la tarea educativa.
(Artículo tomado de http://anibalcuevas.blogs.com)
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